



1. m. Acción de ir hacia adelante.
2. m. Avance, adelanto, perfeccionamiento.>>
Hace algún tiempo apareció un artículo en la revista Newsweek titulado “Why pigs can’t fly”. El título del artículo proviene de la expresión británica “if pigs could fly” (si los cerdos pudieran volar), que normalmente se usa para ilustrar situaciones imposibles. El autor de dicho artículo, Juliane von Reppert-Bismarck, definía como PIGS a los “lastres” de
Según ciertos analistas, los pigs tienen ciertos problemas comunes que los van a convertir en un lastre para los próximos años. Entre los parecidos, destacan la lenta recuperación de sus economías (para 2010 se estima que España y Grecia caerán un 0’3%), su alto déficit público (por encima del 10%), la alta inflación (especialmente en los casos de Grecia y España) y las debilidades estructurales. Así pues, aunque España tenga en su “auditoría” ciertas salvedades que pueden invitar a la relativa tranquilidad, se puede hablar de ciertos parecidos que la convierta en un pig.
Es por eso que sorprende la noticia del plan de rescate a Grecia.
Esta actitud tan española de sacar pecho hasta cuando no toca, o de aparentar lo que no se tiene como el mejor de los hidalgos, puede salir cara a largo plazo. Para empezar, porque España va a asumir el rescate endeudándose más (tal y como ha reconocido el Secretario de Estado para

De la novela “
El escritor británico distingue en su obra dos clases en torno al poder: los que lo ostentan y los que aspiran a él. Los primeros, si llevan mucho tiempo subidos al trono, tienden naturalmente a maniobrar para conservarlo. Así, lo que empezaba como maniobra evoluciona hacia la imposición, la prohibición y, por fin, la uniformación. Por otro lado, existen los que aspiran a él. Ellos denuncian los abusos de la clase dominante, reclaman una aceptación de las divergencias, libertad…y cuando se ven con suficiente fuerza para hacerse con el poder, van a por él. Paradójicamente, según explica Orwell, tras la acometida inicial de libertades y respeto, la clase antiguamente dominada se convierte en dominadora y acaba adoptando los vicios de su predecesora.
¿Y qué tiene que ver esto con nosotros? Mucho. Sin entrar a valorar el contenido de su mensaje, hay un no-se-qué en las formas del feminismo que recuerda lo que explicaba Orwell. La teoría de la clase dominante (los hombres) y la sofocada (las mujeres), a su vez, recuerda también a lo que predicó Karl Marx sobre los burgueses y los obreros allá en el XIX. No quiero juzgar su contenido, pero en su discurso tienen un algo parecido que llama la atención.
Hoy se aplican ya las primeras medidas en este sentido. Por eso sorprende que algunos hombres ya empiecen a pedir para ellos lo que hace nada pedían con toda razón muchas mujeres: igualdad de oportunidades.
Probablemente, tras un período prolongado de cerrazón social y laboral, es necesario reavivar desde los estamentos públicos esa pretendida igualdad. Sin embargo, el peligro de burocratizar e inflexibilizar una cuestión tan delicada y variable como la igualdad es que se acaben cometiendo injusticias pasadas con protagonistas distintos. En un entorno en el que hay más mujeres que hombres en la universidad, con mejores cualificaciones y con grandes expectativas, el futuro quizás no pase por la imposición legal de las ansiadas oportunidades, sino en generarlas dentro de un marco flexible y adaptado a la realidad actual. En definitiva, en ayudar a que quienes hoy aspiran a entrar en el mundo laboral tengan todo el apoyo que requieran, pero a sabiendas de que entran por méritos propios y no por haber nacido hombre o mujer.